sábado, 25 de junio de 2011

YO NO

Y fue aquella mañana con despertares coloridos.
Una habitación llena de verdes, rojos y amarillos por donde viera.
Sabanas a medio cuerpo y suelo lleno de manchas, ropas y vergüenzas.
De pequeña las amigas contaban sus anhelos post modernos de esposos cordiales, adinerados y bien parecidos.
Yo no.
Y cuando abrí los ojos en medio de ese arcoíris multicolor sentí un profundo miedo.
Ellas soñaban con hermosos regalos, viajes, lujos y confort.
Yo no.
Mi cabeza yacía sobre la almohada incomoda que siempre odie, que en silencio siempre odie con sus fundas disparejas y donadas por tus padres. Por tu padre seguramente.
Ellas siempre se fijaron en los más bonitos de la clase, en sus pertenencias y en sus fines de semana en la playa.
Yo no.
Recuerdo perfectamente la noche anterior con mis pretensiones de mujer decida y dispuesta a atacar. Tú tan risueño, con esa mirada tan limpia, esa sonrisa tan blanca y ese nerviosismo tan contagioso.
Ellas no estaban mal, ellas sabían bien lo que querían. Ellas iban detrás de sus futuros esposos “cordiales, adinerados y bien parecidos”.
Yo no.
Lo que si nunca recordé fue en qué momento yo deje de jugar, o en qué momento me perdí en las pretensiones. Supongo que fue en el baño. Supongo que fue al ponerme tu camisa. Supongo.
Mientras ellas querían y trabajaban en ello, yo pensaba en los domingos de parrilla, la casa con paredes ridículamente pintadas y la cocinita de isla. Ellas se maquillaban, ellas crecían, ellas follaban.
Yo no.
Lo que sí recuerdo fue tus ojos de sorpresa y tu mano temerosa sobre mi pierna.  Por fortuna la tome. Por fortuna te accione.
Ay mis amigas, mis viejas amigas coquetas.
Yo no.
De un solo tirón quise saber cómo se sentían esas manos tímidas más allá de las que faltaban en las butacas.
Ciertamente muchas de ellas lo consiguieron. Ciertamente hoy las encuentro en la calle con sus mirabas altivas de éxito y de preguntas por saber lo que hice yo.
Yo no.
Te bese, me besaste, y nos hundimos en la madrugada.
Yo siempre les dije que a mí no me desvelaban las mismas aspiraciones suyas. Ellas pensaron que las mías eran ridículas
Yo no.
Antes de finalmente dormir, te mire, me miraste, tape mis miedos con esa horrible sábana marrón desteñida y por primera vez te soñé mientras tu soñabas justo al lado.
Mis aspiraciones a diferencia de las suyas eran un noble caballero de buen corazón, que me dejara escoger bien los colores, que me cocinara por las mañanas, que me contagiara con su risa sin ni siquiera hablar.  Que me pusiera nerviosa cada día y que además lo notara.  Ellas creían que estaba pasada de moda.
Yo no
Y fue aquella mañana con despertares coloridos. Una habitación llena de verdes, rojos y amarillos por donde viera, cuando abrí los ojos llenos de miedo y me conseguí con los tuyos… con los tuyos tan profundos dándome un buen día.
Esas amigas mías tan pretensiosas.
Esas amigas mías tan felices.
Esas amigas mías y sus esposos.
Esa mañana multicolor.
Esos ojos tuyos.
Ese hermoso e inolvidable amanecer.   

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