sábado, 25 de junio de 2011

REFLEXIONES DEL SPM

Últimamente como cada 28 días he estado filosofando con mi condición de ser mujer, esa que no es fácil y que se lleva el 80% de mi quincena, y me reencuentro con aquellos sueños hippies míos de bachillerato donde leía novelas rosa y quería un príncipe azul.
Yo sí, yo quería una casita de colores, una cocina de isla y muchas especias para sazonar la parrilla de los domingos que mi guapo y fiel marido nos cocinaría a mí y a mis 5 muchachos con primos y compadres incluidos.
Aunque mi aspecto era  bastante rockero y desenfadado yo lo que estaba era loca y babeada por los niños lindos y envidiaba, muy gringamente, a las populares de mi colegio.
 Ni modo, ahí, en los banquitos detrás del gimnasio con los cigarros “caleta” y las discusiones sobre temas de adultos se diluían mis sueños de tejer y ver novelas. Ni hablar de las revueltas de liceístas y las sanciones en la boleta cada final de año escolar por subversiva.
Como todos crecí, me convertir en mujer y pase a engrosar la lista de asalariados de más de 20 pero de menos de 25 en este país. Con ello gastos propios de la edad.
De esa época de bachillerato pocas amigas quedaron, bueno de las pocas que tenía que no están casadas y embarazadas, y a ellas se unen unas cuantas de la universidad. La gran mayoría de ellas fueron invadidas por la, para mí, plaga de la “liberación femenina”.
Eso de ser mujer “autosuficiente” no me agrada. Yo quiero hacer atol y galleticas a media tarde, un café por las mañanas y leer mis revistas en paz.
Es que yo creo que ese asunto de la mujer del siglo XXI con sus títulos, postgrados y sueldos con muchos ceros no aplica si se te espicha el caucho. Una agenda oportuna con el número de un galán a tiro no tiene precio.  Ojo, todas lo hacemos no hay porque sentirse culpable.
¡Al carajo la que invento la liberación femenina!
Que me la traigan pa´acá y que me cambie el caucho.
Yo no sé pero a mí que pongan el bombillo de la luz, que paguen el cable y que me remodelen la cocina. Para mí el mal llamado y malgastado término de liberación femenina es una excusa que nosotras mismas nos inventamos para enfurecernos y salir a rumbear con las amigas sin sacrificar el quince y ultimo de un marido que bastante cómodo nos resulta.
¡Es que a toda mujer le gusta que la traten como a una reina!
Si nos creemos tan liberadas ¿Por qué los excesivos gastos en productos que más que para nosotras son para atraer al sexo opuesto? Ese del que tanto despotricamos.
 Evidenciamos la sumisión  y la hegemonía de la mujer esclava de la satisfacción masculina.
¡Yo sí!
Peluquería que montan peluquería en la que me meto.
Anhelo el febrero y las ofertas locas en pantaleta y sostén.
En día de quincena agoto cualquier producto de maquillaje y/o sus derivados.
Durante 364 días planeo el 24 de febrero y muero si no tengo a quien besar en la ultima campanada.
Si me tengo que enviar flores para dar celos lo haré.
Y sobre todo ¡si! Me gustan los perros, los niños y las películas de amor.
¿A dónde queremos llegar con esto de la emancipación?
No quiero ir sola al cine. Cocinar para una sola es pavoso y llegar sin que nadie te espere en el apartamentico que con tanto sacrificio y sudor te compraste es deprimente.
En tales casos pues sí, para eso está la fiel y barata excusa de “amo mi soledad y mi independencia” “me amo a mi misma”.

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