jueves, 30 de junio de 2011

LA HORA DE LOS MUERTOS

Justo cuando conversaba con la almohada.
Bendita mañana mía esta de hablar sola.
Llovía pero aun no había frio.
La humedad densa y fastidiosa que te hace soltar las sábanas.
De pronto la escuche…
En mi sala…
Tuve miedo.
Me arropo.
Aumento volumen a la tv.
La escucho…
Sigo escuchando.
Audífonos, apurar pensamiento y obligar a la mente.
 No sirve d nada.
 Si tan solo viviera en una piecita tipo estudio esto no pasaría.
 La vuelvo escuchar y esta vez es a lo lejos, sin embargo se acerca.
Pasos, respiración… la sentí justo en el mueble grande que mira hacia la cocina y luego a mi cuarto.
¿Es que acaso de pronto me he vuelto loca?
No…
La reconozco por ese silencio que la precede y por esa respiración acelerada al final.
Casi puedo ver el brillo que emana.
¿Tus labios siempre fueron tan pequeños?...Presumo que sí. Encajan perfecto en los míos tan disconformes.
Aún la escucho y ya no me da miedo… Ya no me importa.
Es tu risa acelerada… En mi sala que nunca visitaste.
Es tu risa a esta hora…
Esta tu risa a las 1:00 am…
Es tu risa a la hora de los muertos.
Que ironía.

sábado, 25 de junio de 2011

YO NO

Y fue aquella mañana con despertares coloridos.
Una habitación llena de verdes, rojos y amarillos por donde viera.
Sabanas a medio cuerpo y suelo lleno de manchas, ropas y vergüenzas.
De pequeña las amigas contaban sus anhelos post modernos de esposos cordiales, adinerados y bien parecidos.
Yo no.
Y cuando abrí los ojos en medio de ese arcoíris multicolor sentí un profundo miedo.
Ellas soñaban con hermosos regalos, viajes, lujos y confort.
Yo no.
Mi cabeza yacía sobre la almohada incomoda que siempre odie, que en silencio siempre odie con sus fundas disparejas y donadas por tus padres. Por tu padre seguramente.
Ellas siempre se fijaron en los más bonitos de la clase, en sus pertenencias y en sus fines de semana en la playa.
Yo no.
Recuerdo perfectamente la noche anterior con mis pretensiones de mujer decida y dispuesta a atacar. Tú tan risueño, con esa mirada tan limpia, esa sonrisa tan blanca y ese nerviosismo tan contagioso.
Ellas no estaban mal, ellas sabían bien lo que querían. Ellas iban detrás de sus futuros esposos “cordiales, adinerados y bien parecidos”.
Yo no.
Lo que si nunca recordé fue en qué momento yo deje de jugar, o en qué momento me perdí en las pretensiones. Supongo que fue en el baño. Supongo que fue al ponerme tu camisa. Supongo.
Mientras ellas querían y trabajaban en ello, yo pensaba en los domingos de parrilla, la casa con paredes ridículamente pintadas y la cocinita de isla. Ellas se maquillaban, ellas crecían, ellas follaban.
Yo no.
Lo que sí recuerdo fue tus ojos de sorpresa y tu mano temerosa sobre mi pierna.  Por fortuna la tome. Por fortuna te accione.
Ay mis amigas, mis viejas amigas coquetas.
Yo no.
De un solo tirón quise saber cómo se sentían esas manos tímidas más allá de las que faltaban en las butacas.
Ciertamente muchas de ellas lo consiguieron. Ciertamente hoy las encuentro en la calle con sus mirabas altivas de éxito y de preguntas por saber lo que hice yo.
Yo no.
Te bese, me besaste, y nos hundimos en la madrugada.
Yo siempre les dije que a mí no me desvelaban las mismas aspiraciones suyas. Ellas pensaron que las mías eran ridículas
Yo no.
Antes de finalmente dormir, te mire, me miraste, tape mis miedos con esa horrible sábana marrón desteñida y por primera vez te soñé mientras tu soñabas justo al lado.
Mis aspiraciones a diferencia de las suyas eran un noble caballero de buen corazón, que me dejara escoger bien los colores, que me cocinara por las mañanas, que me contagiara con su risa sin ni siquiera hablar.  Que me pusiera nerviosa cada día y que además lo notara.  Ellas creían que estaba pasada de moda.
Yo no
Y fue aquella mañana con despertares coloridos. Una habitación llena de verdes, rojos y amarillos por donde viera, cuando abrí los ojos llenos de miedo y me conseguí con los tuyos… con los tuyos tan profundos dándome un buen día.
Esas amigas mías tan pretensiosas.
Esas amigas mías tan felices.
Esas amigas mías y sus esposos.
Esa mañana multicolor.
Esos ojos tuyos.
Ese hermoso e inolvidable amanecer.   

REFLEXIONES DEL SPM

Últimamente como cada 28 días he estado filosofando con mi condición de ser mujer, esa que no es fácil y que se lleva el 80% de mi quincena, y me reencuentro con aquellos sueños hippies míos de bachillerato donde leía novelas rosa y quería un príncipe azul.
Yo sí, yo quería una casita de colores, una cocina de isla y muchas especias para sazonar la parrilla de los domingos que mi guapo y fiel marido nos cocinaría a mí y a mis 5 muchachos con primos y compadres incluidos.
Aunque mi aspecto era  bastante rockero y desenfadado yo lo que estaba era loca y babeada por los niños lindos y envidiaba, muy gringamente, a las populares de mi colegio.
 Ni modo, ahí, en los banquitos detrás del gimnasio con los cigarros “caleta” y las discusiones sobre temas de adultos se diluían mis sueños de tejer y ver novelas. Ni hablar de las revueltas de liceístas y las sanciones en la boleta cada final de año escolar por subversiva.
Como todos crecí, me convertir en mujer y pase a engrosar la lista de asalariados de más de 20 pero de menos de 25 en este país. Con ello gastos propios de la edad.
De esa época de bachillerato pocas amigas quedaron, bueno de las pocas que tenía que no están casadas y embarazadas, y a ellas se unen unas cuantas de la universidad. La gran mayoría de ellas fueron invadidas por la, para mí, plaga de la “liberación femenina”.
Eso de ser mujer “autosuficiente” no me agrada. Yo quiero hacer atol y galleticas a media tarde, un café por las mañanas y leer mis revistas en paz.
Es que yo creo que ese asunto de la mujer del siglo XXI con sus títulos, postgrados y sueldos con muchos ceros no aplica si se te espicha el caucho. Una agenda oportuna con el número de un galán a tiro no tiene precio.  Ojo, todas lo hacemos no hay porque sentirse culpable.
¡Al carajo la que invento la liberación femenina!
Que me la traigan pa´acá y que me cambie el caucho.
Yo no sé pero a mí que pongan el bombillo de la luz, que paguen el cable y que me remodelen la cocina. Para mí el mal llamado y malgastado término de liberación femenina es una excusa que nosotras mismas nos inventamos para enfurecernos y salir a rumbear con las amigas sin sacrificar el quince y ultimo de un marido que bastante cómodo nos resulta.
¡Es que a toda mujer le gusta que la traten como a una reina!
Si nos creemos tan liberadas ¿Por qué los excesivos gastos en productos que más que para nosotras son para atraer al sexo opuesto? Ese del que tanto despotricamos.
 Evidenciamos la sumisión  y la hegemonía de la mujer esclava de la satisfacción masculina.
¡Yo sí!
Peluquería que montan peluquería en la que me meto.
Anhelo el febrero y las ofertas locas en pantaleta y sostén.
En día de quincena agoto cualquier producto de maquillaje y/o sus derivados.
Durante 364 días planeo el 24 de febrero y muero si no tengo a quien besar en la ultima campanada.
Si me tengo que enviar flores para dar celos lo haré.
Y sobre todo ¡si! Me gustan los perros, los niños y las películas de amor.
¿A dónde queremos llegar con esto de la emancipación?
No quiero ir sola al cine. Cocinar para una sola es pavoso y llegar sin que nadie te espere en el apartamentico que con tanto sacrificio y sudor te compraste es deprimente.
En tales casos pues sí, para eso está la fiel y barata excusa de “amo mi soledad y mi independencia” “me amo a mi misma”.